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ROCA

Siempre que la violencia tenga que ver con piedras, es fácilmente reconocible, pero hay muchas formas de usar la violencia. Está la de las palabras, por ejemplo, o incluso la de los silencios. En nuestros hogares, las palabras o el silencio son formas de violencia que utilizamos cuando nuestros diálogos no logran prevalecer. Jesús está tratando de dialogar con los judíos, pero ante las pruebas que trae, la única respuesta que recibe es la de la violencia. Sentirse poseedores de la Verdad a veces nos arma contra los demás. La verdadera prueba de estar en la Verdad es la capacidad de dialogar siempre y con todos. LM Epicoco

Estamos casi al final de nuestro camino de Cuaresma y en los pasajes del Evangelio que nos ofrece la liturgia podemos captar el clima que cada vez se vuelve más tenso, si prestamos atención en estos días varias veces hemos leído que querían apedrear a Jesús, pero que por varios motivos no pueden.

Al respecto, resuenan las palabras del Salmo de hoy, que sin duda Jesús conocía bien y que habrán sido motivo de oración para él, quizás precisamente en aquellos momentos difíciles:

Yo te amo, Señor, mi fuerza, Señor, mi Roca,

mi fortaleza y mi libertador.

Mi Dios, el peñasco en que me refugio,

mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte...


“Yes hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre…” nosotros, ¿damos a conocer a Dios con nuestras obras?


Intentaron detenerlo, pero Él se les escapó de las manos.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 31-42

Los judíos tomaron piedras para apedrear a Jesús.

Entonces Jesús dijo: “Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?”

Los judíos le respondieron: “No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios”.

Jesús les respondió: “¿No está escrito en la Ley de ustedes: "Yo dije: Ustedes son dioses"?

Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la Escritura no puede ser anulada- ¿cómo dicen: ‘Tú blasfemas’, a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: ‘Yo soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y Yo en el Padre”.

Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero Él se les escapó de las manos.

Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan Bautista había bautizado, y se quedó allí. Muchos fueron a verlo, y la gente decía: “Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad”. Y en ese lugar muchos creyeron en Él. Palabra del Señor.

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