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EN CAMINO

El Evangelio de hoy nos trae de nuevo a Caná de Galilea, donde Jesús había hecho su primer signo (el del agua convertida en vino) en las bodas. Escuchamos el llamado a hacer verdaderamente un camino de fe.

Podemos dividir el relato evangélico de hoy en tres escenas o momentos del camino de fe.

- El movimiento (agitación por decir la verdad) de un padre que teme la muerte de su pequeño hijo y al mismo tiempo de Jesús que va al encuentro del sufrimiento del hombre, de todo hombre.

- Una palabra que abre el corazón a la novedad, que hace partir con diferentes perspectivas, con confianza en el corazón.

- Fe, sí, porque sin fe corremos el riesgo de vivir encerrados en nuestro dolor, en la angustia ante la cotidianidad que se presenta desprovista de luz y de alegría.

En Caná, donde había realizado su primera señal, Jesús realiza ahora otra que no es de contacto físico sino de fe profunda.

¡Pedimos el don de la paz con esta actitud, sabiendo que ya somos escuchados por el Padre Nuestro!


Vuélvete, tu hijo vive.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 4, 43-54

Jesús partió hacia Galilea. El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo. Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta.

Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaúm. Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a sanar a su hijo moribundo.

Jesús le dijo: “Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen”.

El funcionario le respondió: “Señor, baja antes que mi hijo se muera”.

“Vuelve a tu casa, tu hijo vive”, le dijo Jesús.

El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora se había sentido mejor. “Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre”, le respondieron.

El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: “Tu hijo vive”. Y entonces creyó él y toda su familia.

Éste fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea. Palabra del Señor

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